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Pobreza

Villas miseria y asentamientos: el otro rostro de Tandil, Bahía Blanca y Mar del Plata

Las villas se apoderan de las ciudades del interior bonaerense. (Dibujo: NOVA)

El crecimiento urbano en ciudades como Tandil, Bahía Blanca y Mar del Plata muestra un contraste cada vez más marcado: mientras se impulsan proyectos inmobiliarios y áreas modernas que alimentan la imagen de progreso, en paralelo se expanden villas miseria y asentamientos que evidencian la desigualdad estructural.

En Tandil, los asentamientos pasaron de albergar 905 familias en 2016 a 1.788 en 2023, distribuidas en once núcleos ubicados en zonas periféricas. En Mar del Plata, el problema adquiere dimensiones aún mayores, con más de 120 barrios informales registrados.

Entre ellos se destacan Belgrano, Regional, Las Heras, Nuevo Golf y Belisario Roldán, donde la precariedad en infraestructura y la falta de servicios básicos son moneda corriente. En Bahía Blanca, al menos 32 asentamientos forman parte del mapa urbano, entre ellos Spurr, Villa Nocito y Tierras Argentinas, donde el déficit de agua potable, cloacas y electricidad es una constante.

El fenómeno responde a múltiples factores: el aumento demográfico que supera la capacidad de planificación, la especulación inmobiliaria que encarece el suelo formal, y la ausencia de políticas integrales que articulen al Estado municipal, provincial y nacional. Esto deriva en una fragmentación territorial donde conviven barrios consolidados con zonas invisibilizadas, donde residen miles de familias en condiciones precarias.

Las consecuencias son evidentes: desigualdad en el acceso a los servicios, estigmatización de los sectores más vulnerables y la consolidación de ciudades duales, con una cara visible y otra relegada a la marginalidad. Ante esta realidad, especialistas y organizaciones sociales reclaman abandonar enfoques asistencialistas y avanzar hacia una urbanización integral.

Entre las propuestas planteadas figuran la regularización dominial, la provisión de servicios básicos, la creación de bancos de tierras municipales para frenar la especulación y la integración de estos barrios al entramado urbano.

La verdadera modernización, sostienen, no puede excluir a quienes viven en la informalidad: una ciudad equitativa exige integrar a todos sus habitantes y reconocer a los asentamientos como parte inseparable de su realidad.

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