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Desde marzo

En pleno agosto, siguen las obras de gas en las escuelas

Los chicos deben ir con guantes, cuellos y gorros para no pasar frío.

A días de haber concluido ya el receso invernal, en pleno mes de agosto, se aguarda que terminen las obras de gas en las últimas dos escuelas bahienses que debieron soportar todo el ciclo lectivo, hasta la actualidad, sin calefacción.

De acuerdo a lo expresado, desde el Consejo Escolar se espera que el viernes o, cuanto mucho, en los primeros días de la semana que viene, tanto la Escuela Primaria 11 como la Secundaria 21, reciban los certificados correspondientes, y nuevamente puedan contar gas y calor, después de casi un año.

De esta manera, concluirá la espera más de seis meses para los últimos de los dieciséis establecimientos educativos bahienses que, debido a la no llegada de los fondos correspondientes de la Provincia, no tuvieron la posibilidad de utilizar sus aparatos de calefacción, cocinar o tener agua caliente en algunos de los momentos más fríos de este 2022.

A principios de año había sido aprobada vinculadas a la red interna de gas que, se esperaba, estuviesen terminadas antes del comienzo del ciclo lectivo, en marzo. Sin embargo, el atraso en los pagos por parte del gobierno bonaerense obligó que todos estos establecimientos iniciaran las clases sin el servicio, mientras se esperaba la llegada del dinero.

Los trabajos ya habían comenzado en todos los casos, y varios de ellos contaban con un buen nivel de avance. Pero la no llegada de los fondos provocó que las empresas encargadas dejasen las obras a medio hacer y, en consecuencia, a las escuelas sin gas.

El problema recién se empezó a visibilizar en los primeros días de abril, con la llegada de las bajas temperaturas, la falta de respuestas de parte de la Provincia y las quejas de alumnos, padres y equipos directivos.

Desde el gobierno bonaerense enviaron una parte de los fondos, actualizaron el monto comprometido y algunas empresas retomaron los trabajos. Pero la solución no aparecía: en mayo todavía faltaban 54 millones de pesos y solo cuatro de estas escuelas estaban en condiciones de funcionar correctamente.

Como paliativo, y ante registros térmicos que caían cada vez más del cero, se repartieron caloventores entre las escuelas, lo que trajo nuevos problemas: los pocos que habían, debían irse turnando entre las aulas y las redes eléctrica de muchos establecimientos no estaban capacitadas para soportar más de dos de estos aparatos al mismo tiempo.

A esto se sumaron los recortes en el tiempo de clase, para aprovechar las horas de sol; chicos que cursaban cubiertos con guantes, gorros y cuellos de lana, además de camperas, o directivos que decidían día a día, en base al pronóstico meteorológico, si en la jornada siguiente se abría la escuela. “Los chicos vienen a sufrir”, reconocían desde una de estas instituciones.La situación fue mejorando, pero a cuentagotas.

A principios de julio todavía eran cuatro las escuelas con chicos con frío y el último desembolso de 20 millones de pesos no llegaba, pero se esperaba que todo pudiera estar finalizado una vez que concluyeran las vacaciones.

Ahora, ya con las revisiones de Camuzzi casi concluidas, todo hace parecer que medio año después, y con un invierno de por medio, en los dieciséis establecimientos educativos bahienses que comenzaron el ciclo lectivo sin gas, los alumnos puedan dedicarse a aprender sin pensar en que tienen frío.

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